Coloqué un cristal entre mi sueño y mi vigilia, y comprobé lo que ya sabía: que son dos realidades asimétricas.
Andando el tiempo, fui echando vistazos al cristal para intentar aprender del contrapunto y, por qué no decirlo, para tranquilizarme.
Así, hasta el día en que descubrí que el cristal se había movido y ocupaba el mismo centro de mi vigilia (o de mi sueño).
La asimetría persistía. Pero en el mismo lado.
miércoles, octubre 21, 2009
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